"Tu madre es una chatarra" por Juan Ignacio Muñoz

20 Feb

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Revista Cosmocápsula número 12. Enero – Marzo 2015. Cápsulas literarias.

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Tu madre es una chatarra*

Juan Ignacio Muñoz


 *Auto-traducción de « Ta mère est un vieux char », publicado en Revue Solaris, No. 189, invierno 2014.

Eres un robot a punto de jubilarse, querido Guy. Tu mano izquierda se oxida y la otra se la pasa sosteniendo, como si tus pupilas ya no grabaran más, la foto de ese cabrón. Esos mafiosos colombianos controlan toda Montreal. Ahora, ¡hasta el 20 de julio es más popular que el 24 de junio o el Día de las Madres!

Señor Gagnon, tenemos los resultados de los mecánicos –interrumpe Yolanda.

Te lleva al laboratorio. Pequeña y esbelta, te gusta esa morena. Serge, en medio de una mesa llena de circuitos y pedazos de carne, pide que te acerques.

Está confirmado, Guy. Un virus atacó los neurocarburadores del auto de García −explica−. En unas cuantas horas los tendones de transmisión se volvieron tierranieve.

Yolanda –dices contemplando su rostro–, ¿sabes si la Sociedad del Seguro Automóvil ha sacado algún comunicado?

Sí, señor. Acaban de responder que cuando un vehículo deja de circular, ya no les compete más.

Y según ellos, ¿a quién debemos dirigirnos?

Sistema biológico. Ministerio de Salud.

Y estos, ¿qué dicen?

Delegan una primera investigación al Ministerio de Tecnología.

O sea nosotros −exclama Serge.

Y si atrapamos a Ramírez, ¿tendremos que vérnoslas con Inmigración? –bromeas, y luego te marchas.

Bandadas de ojos-media sobrevuelan las calles. Cae nieve amarilla que se derrite. Te acercas al Mercado Jean-Talon, al Cabaret Medellín. Estacionas el auto.

¿Qué hacemos aquí, Guy? –pregunta ella con voz de cafetería, ronca, arrulladora.

Dicen que la novia de Ramírez trabaja aquí –respondes y te desconectas rápidamente para que ella ponga fin a su protocolo de estacionamiento.

Te arrastras entre la gente que mira a las bailarinas. El barman no dirá nada si no lo pones a cantar cumbias. El aguasca, el aguardiente mezcalinizado que prepara, tiene poco de legal en una zona parcialmente libre, solo bastará en que insistas en ese punto.

Servían aguasca en el Villanueva Night. A Los pistoleros les valió madre el decorado y las leyes de las enclaves étnicas…

¿Qué quieres, tombo?

Hablar con la novia de Ramírez.

¡Ah, quiere ver a Exótica! –grita un enano que baja por un hilo elástico y recoge un vaso de aguasca.

Búscala en los cubículos de sofa-sûtras –responde el barman con aire cansado.

El enano guiñe el ojo y vuelve a subir como las arañas.

Sentado en los canapés rojos y mugiendo de placer, hombres y mujeres se dejan transportar por los pensamientos de las chicas del otro lado del vidrio. Atraviesas la pieza buscando la cabina de Exótica. En la penumbra, encuentras a un adolescente pelirrojo retorcido en orgasmos. Le ordenas que se esfume. Te tumbas sobre una masa gelatinosa. Unas pestañas penetran tus poros inyectando un coctel de hormonas. Una sensación agradable recorre tu espalda. El sofá es una carne viva, tal como tu auto, menos febril. Repentinamente, te sientes repelido. Se encienden las luces de la cabina. Exótica es blanca, obesa, con un acento quebequés de antaño.

¿Y usted quién es, tabarnak?

Guy Gagnon, policía. No te alteres, hermosa. No necesito que bailes.

Aquí no bailamos. Pensamos.

OK…Eres la novia de Arlington Ramírez, ¿no es así?

¿Qué quiere?

Que me confirmes si tu novio está detrás de un virus que dejó completamente paralizado el auto de García, su antiguo socio.

¿Por qué él haría eso, estí?

No sé. Dímelo tú… Ese novio tuyo debe estar fabricando algo terrible para que García venga a pedirnos ayuda.

Voy a hacer que lo saquen de aquí.

No molestes a tus gorilas. Mira, mi número, piénsalo.

La cabeza pesada, algunas interferencias se cruzan en tu campo de visión, te levantas y te diriges hacia la salida. El auto te espera.

El tráfico es denso y tu bajo vientre bulle. Las hormonas del sofa-sûtra recorren tu flujo sanguíneo y no puedes aliviarte como lo hace cualquier Jesucristo que estuviera necesitado: el auto te mira, intenta leer tus pensamientos.

Yolanda llama por el system-com. Su voz te seduce, pero ella te pone rápidamente en comunicación con Serge.

Guy, tenemos noticias. Acaban de encontrar muerto en su celda a García. Es muy extraño, todos sus órganos se han vuelto… tierranieve… lo mismo que le ocurrió a su auto antier.

¿Qué dices? ¿El virus ataca también a los conductores?

Parece. Incluso con poco contacto. Según el reporte, García tan solo condujo unos minutos. Se detuvo en algún lugar y luego no pudo encender el auto. Vamos a proceder a la autopsia.

Tienes otra llamada.

Está bien, Serge. Hablamos después… Sí, ¿diga?

¿Señor Gagnon?

Sí.

Soy Marthe… Quiero decir, Exótica.

¿Qué pasa?

Tengo que hablarle. ¿Puede encontrarme en la esquina de l’Acadie y Sauvé en 45 minutos?

OK.

Cuelgas y miras al ángulo ciego de tu izquierda para cambiar de vía.

¿Quién es esa tal Marthe? – pregunta el auto.

La novia de Ramírez.

Digamos que no te es indiferente.

¿De qué hablas? ¿Ya escuchaste bien adónde vamos? ¿Puedes ocuparte y arreglar el trayecto para llegar a tiempo? No me siento bien, voy a dormir un poco…

Guy, no está bien desear la mujer del prójimo.

¿Eh?

La prefieres más que a Yolanda. Creo que Yolanda sería una mejor chica para ti, ¿sabes? Deberías confesarle tus sentimientos. Podría enseñarte a hablar su idioma y a bailar…

¿Bailar? –pronuncias mirando la gente que atraviesa la calle. Dentro de la multitud camina un enano con tu rostro, con una camiseta y un gorro de los Canadienses.

Sí, pies con más gracia… No eres un obsequio cuando aceleras.

¡Oye, despacio! – te escuchas gritar al ver que el auto arranca a toda velocidad luego de un stop.

Bueno, si no quieres probar tu suerte con Yolanda, sería mejor que te quedaras soltero. Digamos que después de dos matrimonios fallidos…

El razonamiento y la frase te son familiares. Te recuerdan a una pequeña dama abandonada en un centro geriátrico que mira por la ventana si estás en el estacionamiento mirándola desde el auto. Bajas el volumen del system-com para no escuchar más reproches. Otros automovilistas te insultan al pasar. Tienes la cabeza confusa, y los párpados aletargados.

A lo lejos, reconoces la figura de Marthe, redonda, mucho más imponente sobre un banco de nieve y con su abrigo. Disminuyes la velocidad para que ella suba. El interior se impregna de un perfume de cerezas. Nunca te gustaron las modelos boterescas, pero el auto tiene razón: esta mujer te emociona. El vehículo se pone en marcha y, con intención, entra en todos los huecos que encuentra en su camino.

¡Maldita chatarra!

Retienes la cólera.

¿Y si empiezas a contarme, Marthe?

No es fácil… no sé por qué García pidió protección.

Déjame adivinar: traicionó a tu novio en alguno de sus negocios.

No en sus negocios.

–…

No, de hecho, todo iba muy bien. Trabajaban en una droga que iba a remplazar el aguasca. El problema es que Arlington se enteró de que García iba a verme con frecuencia al sofá-sûtra.

¿Qué pasó?

Cuando terminaban de hacer pruebas con la nueva droga, García me visitaba para que yo le hiciera mi sensual braining. Y comencé a sentir cosas con la droga con la que García jugaba en el sofá… Y luego nos enamoramos… Y luego Arlington lo supo…

Ya veo.

La última vez que García vino, el encuentro fue muy distinto a otros. Hubo como un cortocircuito en el sofá… no sé… no me siento bien desde…

Espera. ¿Cuándo fue la última vez?

Sientes el impacto de la bala en el cofre.

¡Mierda!

Agarras el volante. Con tu prótesis ocular, intentas realizar un zoom de la imagen del retrovisor.

¡Es Arlington! –dice Marthe – ¡Es tan celoso!

Te das cuenta de que el system-com se había quedado sin sonido.

Yolanda, ¿me copias? ¿Yolanda? –Gritas esperando una respuesta.

El auto zigzaguea.

Guy, baja a esta zorra. ¡Apesta a perfume barato!

¿Qué? –dice Marthe en sollozos, mirando hacia adelante y hacia atrás.

¿Señor Gagnon? –Yolanda responde finalmente.

¡Sí, Yolanda! Me encuentro por Saint-Laurent. Me persiguen. Envía refuerzos. ¡Rápido!

Ya. Hecho.

Algo golpea la parte inferior del vehículo. Vuela suavemente. El golpe activa la respondedora: “Guy, soy Serge. La policía de Longueuil acaba de encontrar un adolescente muerto en un auto. Como tierranieva, los dos, el auto y el conductor”. En un segundo largo, revives el rostro del joven pelirrojo sobre el canapé frente a la cabina de Exótica. Luego de una serie de golpes, abres los ojos. Ramírez y sus enanos intentan sacar a Marthe, desatorarla. El auto se cierra como una flor. Tu mano derecha se vuelve nieve café. La otra está oxidada. Ahora Ramírez se encuentra a tu lado gritándole cosas a tu madre y también a tu auto. No comprendes muy bien. Te dispara. En la oscuridad, te sientes atado a un cordón umbilical, un cable de carne.

Regresas a la fuente. Subes a un espacio más puro. Nieva en Montreal, en los garajes municipales y en los estacionamientos vacíos de los centros geriátricos. Ahora, puedes sonreír más tranquilo.


Juan Ignacio Muñoz Zapata (Pereira, 1979) vive en Florencia, Caquetá, donde enseña inglés y literatura. A partir de 2008, comenzó a publicar en e-zines hispanoamericanos de ciencia ficción. En 2012, resultó ganador en un concurso organizado por el diario Le Courier de Laval dentro de la categoría gran público con Tout est là-bas, un cuento escrito en francés. En este mismo idioma, terminó L’Invisible Chromognon, novela que relata las vicisitudes de un hombre invisible en Bogotá. En 2013, ganó el gran premio de poesía La pereza con “Otro canto mañanero”.

Obras

Ta mère est un vieux char (Cuento – aceptado para publicación) Revue Solaris Science-fiction et Fantastique, Québec

L’Invisible Chromognon (Novela)

Otro canto mañanero (Poema – gran premio), 2013

Otro Canto. Greyti Gonzáles Rivera, Ernesto Pérez Castillo (eds), Miami: La Pereza ediciones.

Los idiotas de la Calle 13 (v.2.0) (Novela colectiva) 2012

UnderKaos (varios autores): Laval (Can), Charleston (EEUU). Ediciones Muza Inc.

Tout est là-bas (Cuento premiado en concurso) 2012

 


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