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"Multiverso", por Camilo De fex Laserna

17 Dic

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Revista Cosmocápsula número  11. Octubre – Diciembre 2014. Cápsulas literarias.

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Multiverso

Camilo De fex Laserna


Inspirado en Planilandia, de Edwin A. Abbott.

1.

Después de varios años de ardua experimentación los dos científicos llegan a una conclusión demasiado extraña para ser admitida de forma pública. H. fue el primero en formular la hipótesis descabellada, tras una serie de tanteos que ambos realizaron con el desfasador dimensional. Aunque en principio Z. estuvo en desacuerdo con la hipótesis de H., el peso de la evidencia era abrumador. “Al parecer nuestro universo está conformado por 329 planos de un material desconocido. Dichos planos están recubiertos y articulados por un armazón de un material más duro que el mismo entramado de la realidad”. El tiempo, según sus deducciones, es la cadencia de unas manchas oscuras que se suceden a través de los planos, hasta llegar al fin de los tiempos, en el plano 329 “¿Qué significa esto?” Se preguntaron, perplejos. “Lo mejor será dedicarnos a la jardinería y olvidar todo este asunto” dijo entonces Z. en tono de broma. “Pero, ¿no siente curiosidad por esa extraña interferencia que se percibe en el plano 89 desde hace un tiempo atrás? ¿Qué significa?” Z. levantó los hombros y con ese simple gesto renegó de las grandes preguntas que lo llevaron a convertirse en científico. Fue así como Z., el gran físico experimental, se convirtió en jardinero y H., su alumno más avezado, perdió la cordura y terminó en el hospital siquiátrico Nuevo Amanecer.

2.

La hormiga extraviada camina sobre una superficie blanca que despide olores orgánicos, pero, ¡ay! Es tan diferente físicamente de los árboles y plantas que conoce, tan ajena a su realidad de hormiga arborícola. Trata de percibir las feromonas de identidad de su colonia, pero todo huele extraño y estéril. Cuando llega al borde de ese extraño mundo, una masa descomunal de color rosa desciende de los cielos e interrumpe su escape. La hormiga gira en redondo y huye de tan extraña manifestación atmosférica. Cuando ya cree estar libre del peligro, otra masa con las mismas características interrumpe su huida. Trata de rodear el obstáculo, pero a medida que avanza hacia el occidente, la masa se desplaza en la misma dirección impidiéndole el paso. Desesperada se dedica a lanzar feromonas de auxilio. Entonces percibe algo: un olor extra-hormiguil, una feromona desconocida y sutil que habla de mundos más allá del mundo. “¿Eres tú gran hormiga?” pregunta de forma rústica con su lenguaje de olores. Una ventisca impresionante la golpea de frente, sale volando y cae de nuevo sobre la tierra, ilesa. “Gracias” exclaman sus feromonas en todas direcciones. “Muchas gracias, gran hormiga que todo lo ve”.

3.

Angélica no ha podido avanzar más allá de la página 89. Una nueva hormiga camina sobre la superficie de papel. La joven juega con ella, la confunde, le pone pruebas y obstáculos, hasta que se aburre de ella y la expulsa con un soplido como a la anterior. El libro que lee la tiene llena de ensoñaciones místicas, pues los personajes de la historia, unas páginas atrás, han empezado a descubrir que son parte de una ficción creada por seres masivos y tridimensionales, para el consumo de otros seres masivos y tridimensionales, como ella. El juego con las hormigas y la trama de la historia que lee la sumerge cada vez más en sus consideraciones. “¿Y si todas las grandes preguntas son imposibles de resolver por la perspectiva tan minúscula que tenemos en relación con el universo descomunal que habitamos? ¿Y si somos información codificada en un lenguaje que nos supera? ¿Acaso no somos igual de ignorantes que las hormigas, o que los personajes de un libro, cuya verdadera razón de existir está por fuera del objeto como tal?” Entonces, como una ráfaga de metralla, un fragmento minúsculo de verdad la atraviesa de un lado a otro. “El universo no tiene límites. Es una historia que contiene infinitas historias. Mientras alguien es apuñalado en alguna calle oscura de la ciudad, una pareja de perros folla grácilmente a sólo cien metros de distancia y en algún parque cercano se desarrolla una cruenta guerra entre una colonia de hormigas rojas y una colonia de termitas recién llegadas.” Como es común después de una experiencia de insignificancia en medio de la gran trama, Angélica suspira profundamente. Deja caer su cuerpo sobre la manga del parque y durante varios minutos se retuerce de placer con la luz del sol que se filtra a través de las hojas de un hermoso guayacán en flor.

4.

El joven dovonn observa a Angélica desde la cuarta dimensión: aquello que los humanos llaman tiempo. Ella, como ser tridimensional, no puede ver a G’nuk, quien ha estado frente a sus narices durante toda su vida. La interacción Dovonn-Humano es uno de los ejemplos más bellos de simbiosis entre materia viva, mucho más significativa que la interacción de las hormigas arborícolas con los árboles huésped. El dovonn usa los sentidos del humano para ver el mundo físico y el humano, sin saberlo, usa al dovonn para dar un vistazo en el tiempo. De allí que estos mamíferos de orden superior puedan soñar con tiempos mejores y llorar ante la inevitabilidad de la muerte en un futuro incierto. Este conocimiento los diferencia de otros animales que viven en el planeta tierra. Para G’nuk, Angélica es un libro abierto en el tiempo, puede observar y recrear cada uno de los segundos por los que ha transitado. G’nuk aguijonea a Angélica con su dardo escarlata e inyecta una nueva oleada de “absoluto” en la mente de la joven humana, lo cual la hace retorcerse de placer e inunda su mente de vértigo extático. “Hermosa Angélica, sigue jugando con las hormigas. ¿Acaso no sabes que ellas perciben tus feromonas sexuales como si fueran el olor de una hormiga divina?” G’nuk lleva de la mano a la humana por el mundo de los recuerdos, visión distorsionada del tiempo, hasta aquel día en el que ambos experimentaron felicidad, cuando Angélica y un amigo suyo recibieron el atardecer montados en un árbol de mangos. “¿Recuerdas Angélica, que ese día también hablaron sobre las hormigas y las dimensiones?”

3.

Angélica recuerda el día que estaba encaramada con Raúl en el árbol de mangos. “¿Sabés qué?’” dijo ese día Raúl, “Yo creo que todas esas historias de abducciones alienígenas están basadas en los humanos. Esas ficciones hablan de seres extraños que le meten a los secuestrados artefactos por el culo y los analizan. Pero la única especie que conocemos que haga ese tipo de cosas somos nosotros. En el fondo, creo que tenemos miedo de nosotros mismos. Sólo basta ver a un niño aniquilando hormigas, para entender la monstruosidad de la especie. Esperemos que no existan seres inteligentes que nos superen en dimensión y jueguen con nosotros a su antojo”.

4.

G’nuk se regocija ante el recuerdo, pues los dovonn sí que existen. Pero ellos han alcanzado una conciencia superior y ven a los humanos como hermosas criaturas que deben ser preservadas, aún en contra de su propia voluntad. El joven tetra-dimensional también sabe que sin los humanos perderían todo contacto con el mundo de tres dimensiones y con ello toda voluptuosidad sensitiva. Se siente superior pero magnánimo. Sin embargo es prepotente, como la mayoría de ejemplares de su especie. Él no es capaz de aceptar la posibilidad de vida más allá del tiempo. Por más que se esfuerce le es imposible detectar mi gran ojo, pues, al tener una pequeña noción de la quinta dimensión, lo confunde con el término J’Hlark. El humano dice Tiempo, el dovonn J’Hlark; pero ambos términos son traducibles al español rudimentario, en forma de la palabra: “desconocido”.

5.

Desde mi punto de vista el dovonn, la humana, la hormiga y los personajes de la novela de ciencia ficción que lee Angélica, son igual de reales y protagonizan historias igualmente válidas. Sus mundos finitos, resultan infinitos si se miran con ojos de protagonista. Esto se debe a que el universo es inabarcable y todo lo inabarcable al ser dividido o restado, continúa siendo inabarcable. Por eso para la colonia de hormigas rojas el planeta tierra es algo inconcebible, o para el físico experimental Z. la realidad tridimensional de un hormiguero es imposible de agarrar. Pensar en todo eso me hace entrar en un estado similar al de Angélica. Somos diminutos en medio de un universo sin límites, un universo que contiene historias que contienen historias. A diferencia de los dovonn, nosotros, los garlt, tenemos claro que todo se desenvuelve hacia arriba y hacia abajo sin fin y que, de alguna manera, un ser extraño y superior puede estar divirtiéndose con mis ocurrencias desde la sexta dimensión. Me gustaría tanto hablar con algo así. Pero sé que es absurdo, pues así como Angélica no puede hablar con una hormiga y yo no puedo hablar con G’nuk, así mismo un ser superior no podría comunicarse conmigo. Aunque el universo y todas sus dimensiones estén llenas de vida inteligente, seguiremos igual de solos y aislados. Es una triste realidad la que codifico en este mensaje sin destinatario.

 


Camilo De fex Laserna. Intento de escritor y ser humano. Planea algún día montar una secta para cínicos y vivir de la venta de relatos eróticos o, en su defecto, mango biche con sal a la salida de una universidad pública. No le gustan mucho los círculos de personas con intereses similares, pero, en ausencia de lectores, ha decidido entrar a como dé lugar al nicho de la ci-fi colombiana. Puede leer los apuntes de una novela que algún día quiere escribir en esta dirección: http://la-metamorfosis-ambulante.blogspot.com/. Si quiere colaborar con dinero a la causa, sepa que sólo se aceptan bitcoins o alguna otra cripto-divisa.


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Revista Cosmocápsula número 11. Octubre – diciembre 2014

"Poemas anticipados" por Dixon Acosta Medellín

28 Nov

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Revista Cosmocápsula número  11. Octubre – Diciembre 2014. Cápsulas literarias.

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Poemas anticipados

Dixon Acosta Medellín


 

ESTATUAS

Acaso llegará un día

en que los hombres no seamos

más transeúntes y los parques

serán poblados por estatuas.

Las ecuestres de militares

las de histriónicos políticos

la contemplativa de algún poeta…

Los esqueletos de bronce o de piedra

de aquellos que combatieron contra otros

o simplemente contra sí mismos

-la más cruenta batalla.

Entonces quizás lleguen visitantes

quienes con sus formas estrafalarias

salgan de sus astronaves

les tomen fotografías a las estatuas

e intenten hacerles preguntas eternas.

Silenciosos continuarán su paseo

por el gran museo del mundo

contemplando la perdida humanidad

de las mudas e insensibles figuras.

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SUEÑOS FUTUROS

De niño soñaba con que los científicos

inventaran un televisor pequeñito

que pudiera esconder entre las sábanas

para ver los prohibidos programas

en horarios no aptos para menores;

además para no interrumpir

el insomnio eterno de mi madre.

Ahora un siglo después, el XXI,

cuando ya existe aquel artilugio

requiero que los hombres de ciencia

inventen la máquina del tiempo

para disfrutar del pequeño televisor

y acompañar el duermevela de mi madre.

 


DIXON ACOSTA MEDELLIN (1967, Bogotá, Colombia) Bogotano, aunque sus apellidos de bautismo son Moya Acosta, los de crianza son Acosta Medellín, su identidad literaria. Felizmente casado con Patricia. Sociólogo (Universidad Nacional de Colombia) y Diplomático de Carrera (Academia Diplomática de San Carlos). Integrante del Taller de Escritores de la Universidad Central (TEUC). Finalista en varios concursos internacionales de poesía, cuento y ensayo. Artículos, ensayos, poesías y cuentos publicados en libros, periódicos y revistas. Colaborador de publicaciones especializadas en ciencia-ficción. Bloguero del periódico El Espectador en “Líneas de Arena”, donde escribe de todo un poco (http://blogs.elespectador.com/lineas-de-arena/). A ratos trina en Twitter en @dixonmedellin


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Revista Cosmocápsula número 11. Octubre – diciembre 2014

"MARÍA 2" por Fernando Cañas Mora

26 Nov

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Revista Cosmocápsula número  11. Octubre – Diciembre 2014. Cápsulas literarias.

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MARÍA 2

Fernando Cañas Mora


Saturno. NASA.

Saturno. NASA.

 

-¡Despierta cariño! -Juan, lentamente abría los ojos doloridos. Poco a poco, despertaba del letargo inducido y sentía como la figura borrosa, enfrente de la cápsula abierta, cogía la mano para acariciarla- Dentro de poco saldremos del hiperespacio. Según los datos del navegador estelar, ya estamos cerca del Enclave Saturno.

-¿María, cuánto tiempo ha pasado? -conseguía pronunciar, después de varios amagos en los que sólo movió los labios sin articular palabra.

-Seis meses… Si vieras tu barba y pelo, pareces un náufrago -reía, mientras le alborotaba el cabello con los dedos- Aséate y cuando estés listo ven al puente de mando -dijo desde el umbral de la compuerta del habitáculo- ¡Por cierto! Ahí te dejo la bebida isotónica -le recordó, antes de salir al estrecho corredor de la nave espacial.

Juan se incorporó despacio hasta que se sentó en la cápsula criogénica. Bajo la tenue luz de los fluorescentes, pudo distinguir la cabina de ducha en la esquina, seguido del lavabo con la preciada botella, así como el espejo y el armario con la ropa y los objetos personales. Momentos después del aseo, afeitarse y haberse cortado el pelo con la maquinilla láser, se puso el uniforme para abandonar la habitación.

-¿Pero qué demonios? ¡Computadora, luces y música! -las luces rojas del estrecho corredor se hicieron gradualmente blancas, al mismo tiempo que su artista favorito comenzaba a sonar. Por un instante permaneció embelesado junto a uno de los ventanales redondos, observando pasar las estrellas como infinitas estelas luminosas, percibía el leve balanceo de la nave estelar. Seguidamente dio media vuelta y anduvo hasta que situó el rostro delante del lector del habitáculo contiguo. Una vez que la luz escaneó sus retinas y confirmó la identidad del sujeto, la puerta acorazada se fue abriendo despacio. Aquella cámara de seguridad guardaba los “tesoros” acumulados durante treinta años de viajes por el espacio profundo. Los comercializaría en el Enclave Minero Saturno y conseguiría, sin duda, una fortuna por éstos. Todo, gracias al mapa que un anciano borracho le cambió por una botella de alcohol, en una de las turbias cantinas del mismo Enclave, al cual, ahora regresaban.

Juan abría la tapa del primer contenedor de la pared. Observó el mineral cristalino Eco, dispuesto en un soporte. Fue conseguido en el Satélite Geoda, a varios años luz del Sistema Solar.

-María, te empleaste a fondo al pilotar la nave por la estrecha fisura del asteroide ¡Por ti, cariño! -brindó a la megafonía.

Siete minutos para abandonar la velocidad Luz” -respondía por el altavoz, mientras Juan propinaba un buen trago a la bebida.

-Cuando ocupaba el puesto del copiloto, tras tu asiento -continuó-, desde de la cabina con las placas de protección desarmadas, pude observar como lentamente sorteamos los afilados cristales de rocas, realizando maniobras inverosímiles, incluso para mi experiencia de piloto. A pesar de tu extraordinaria destreza, María, la nave sufrió algún rasguño en el fuselaje antes de alcanzar la gruta del subsuelo. Aterrizamos junto a una de las colosales columnas pétreas que sostenía la techumbre y apagaste los motores para evitar el posible derrumbe de la zona. Una vez que me puse el traje de astronauta, abandoné la nave para seguir la ruta del Mapa por aquel ambiente hostil para los humanos, gracias a la visión nocturna y los sensores de exploración del casco, pues la emisora no funcionaba debido a las interferencias electromagnéticas de la Géoda, y con la única compañía de mi respiración. El serpenteante sendero de afiladas aristas sobre el desfiladero en brumas, me llevó hacia la formación de mineral dorado. Escalé la montaña cúbica hasta coronar la cima y llegar al poblado de seres extraterrestres -relataba en voz alta- ¡Como indicaba el Mapa, allí estaban los malditos aborígenes! Criaturas de piel verde, ciegas, y de magníficos oídos. Feos, como enormes sapos que se erguían sobre sus patas traseras… Intenté comunicarme con ellos por todos los medios, negociar y cambiar su preciado mineral, Eco, por algunas de mis mercancías, pero me atacaron primero… lo juro… con sus lanzas y armas punzantes… ¡No tuve más remedio que desenfundar la pistola de energía con silenciador y defenderme! -introdujo el brazo en el recipiente y rozó el racimo de cristales.

Éstos vibraron y Juan pudo escuchar los sonidos cósmicos atrapados, desde grabaciones Terrícolas lanzadas al infinito, hasta que sonaron conversaciones alienígenas de otros mundos. Sin embargo, cuando surgieron los gritos ahogados de aquellas criaturas, feas como sapos, se apresuró a cerrar la tapa.

Seis minutos para abandonar… “-anunciaba la megafonía. Juan dio un paso lateral para abrir otro recipiente y deleitarse con la exótica flor de Luna Selva, cultivada en lecho de tierra, cuya fragancia sería muy cotizada por las clases pudientes de la sociedad humana.

-Justo en el corazón de una colonia de insectos gigantes, como no pudo ser de otra manera. Juntos en esta ocasión, nos adentramos por las galerías del hormiguero con las armaduras militares puestas y todo el armamento disponible -dio otro generoso trago y situó la botella delante del rostro para ver que estaba medio vacía- Gastamos mucha munición contra todo lo que se movió, en particular los malditos bichos “soldados“, pero fueron las tenazas de la “reina” las que me amputaron la pierna… Y la vida, si no cuento con tu extraordinaria puntería, María -soltando fuertes carcajadas, se frotaba la pierna robótica.

Cinco minutos…” -resonaba por megafonía.

Juan pasó al siguiente recipiente y observó el collar de perlas lumínicas, inmerso en agua salada que burbujeaba.

-¡Por los créditos! -brindó al aire- ¡Y el Planeta Líquido! Gracias a todos los Santos, las Criaturas Marinas de aquel mundo atendieron a razones comerciales. Nuestra nave estelar está preparada para cualquier condición ambiental, y no es que quiera presumir, bien lo sabes… pero es lo más caro y avanzado del mercado Solar. En aquel año luz, nos sumergimos en los océanos en busca del “Pueblo Nómada”. A decir verdad, aún me impresiona el recuerdo de la titánica tortuga marina con el arrecife arraigado en el caparazón, hábitat natural de dicha especie. Recorrimos la urbe sumergida entre el intenso tráfico de cetáceos del transporte público de humanoides acuáticos, u otros particulares a lomos de enormes caballitos de mar, grandes peces multicolores o veloces mamíferos marinos, hasta que llegamos al lugar indicado del Mapa, la descomunal caracola escondida en las edificaciones del coral rojo. Atracamos la nave en lugar seguro y vestidos los tarjes de buzo, anduvimos las calles de caparazón verdoso camino de la Taberna. Después de pasar por la cámara de descompresión del establecimiento anfibio, nos quitamos las escafandras y ocupamos una mesa libre que alumbraba la pecera de la medusa eléctrica. En el acuario del escenario cantaba una hermosa ondina, cuyos largos cabellos pelirrojos cubrían los senos. Durante la espera a ser atendidos por la camarera con tentáculos que tomaba nota a la peculiar clientela, pude observar que el local estaba construido con la madera de barcos hundidos y adornado con los objetos de éstos. Terribles dentaduras de depredadores marinos o tesoros, también ¡Te acuerdas! Nuestro contacto resultó ser el dueño, el humanoide con cabeza de tiburón que además de la barra se encargaba del mercado de contrabando. Así, sólo negociamos, nada de violencia. El collar, por una de mis preciadas frutas escarchadas que se decidió a elegir de entre los productos de mi mochila metálica.

Tres minutos para…” -resonaba.

-La colorida ave, cuyo cántico es capaz de sanar cualquier enfermedad -brindó de nuevo enfrente de la gran pajarera que ocupa el hueco. Juan, repentinamente interrumpía el trago y dejaba la boquilla en sus labios. Con la mirada perdida, apoyaba la espalda en los barrotes metálicos y al compás del aleteo del pájaro espantado se deslizó hasta que se sentó en el suelo- ¡Sanar…! -repetía una y otra vez.

Dos minutos… “

-¿Tanto tiempo ha pasado? Sí -susurraba-. Tenía dieciocho años cuando conocí a Carmen, mi verdadero amor -se perfiló una leve sonrisa en la comisura de los labios, partidos por una cicatriz- Me había independizado en un piso de alquiler, próximo a la panadería en la que ella trabajaba ¡Por Dios que fue un flechazo! -el semblante se tornó serio, apretando las mandíbulas, fruncía el ceño- ¡Y el mismo Dios me la arrebató! -lanzó la botella contra la pared y se hizo añicos- ¡Maldito! -sollozaba- ¡No! Fue la metástasis que la devoró por dentro. Aquel otoño del año 2099, con lo puesto y las pertenencias en la mochila, marché al aeropuerto espacial de Madrid y gasté mis ahorros en un pasaje al Enclave Saturno, la única colonia humana al borde del Sistema Solar.

Un siseo interrumpía sus pensamientos. Dejó de frotar la alianza enganchada en la cadena que lleva al cuello y la guardó dentro del uniforme.

-¡Ah, Berta! -golpeaba el contenedor a la altura del hombro- La culebrilla de tres cabezas, originaria del planeta Desertia, con sus tres Soles, y por cuyas escamas violetas la industria del microprocesador pagará autenticas fortunas. Fue un peregrinaje abrasador por el interminable desierto a lomos de cuadrúpedos con tres jorobas -alzaba de nuevo la voz-, rastreando ésta especie, casi extinguida. Es curioso que la misma tormenta de arena que casi nos entierra vivos, también descubriera el antiquísimo templo con el nido dentro.

Juan se puso en pie y salió de la cámara acorazada.

-Un minuto para desconectar el motor principal y abandonar velocidad Luz -dijo María ocupando el asiento del piloto a los mandos holográficos y sistemas de navegación, cuando su compañero entró al puente de mando- He anulado la protección de la cabina -proseguía- ¡Fíjate que maravilla! -por un instante, ambos permanecieron absortos en los destellos e intensos colores del túnel de gusano en el que viajaban- ¡Tres, dos, uno y…! -las estrellas se detuvieron alrededor con el zumbido ahogado del motor, avistando entonces los anillos de asteroides de Saturno.

-¡Hay que celebrarlo! -exclamó Juan, al mismo tiempo que la abrazó con fuerza y la levantó del sitio.

Aquella noche hubo para los amantes cena especial con vino de la mejor cosecha. Música romántica y velas repartidas por el habitáculo de matrimonio. Después de comerse a besos y amarse al amparo de las nebulosas estrelladas, Morfeo se hizo cargo de ellos.

-Por fin llevaremos una vida tranquila -elucubraba María a altas horas de la madrugada, inmersa en la oscuridad del compartimento estanco, donde guardaban los trajes y demás material espacial. Sujetada por anclajes en brazos y piernas, la gruesa maguera conectada a su espalda la mantenía rígida, suministrando la energía eléctrica necesaria para recargar la batería del corazón de Cyborg- Las coloridas luces de la colonia humana del asteroide, hacen del espacio infinito un lugar más acogedor -susurraba, mirando por la ventanilla- ¿Eh? ¡Ordenador de a bordo, sí, acepto el mensaje del Enclave Saturno! ¿Cómo…?

María comenzó a retorcerse en el sitio y llorar. Los ojos se volvieron rojos y brillantes, arrancando las sujeciones de cuajo, se incorporó…

-¡Ordenador! Pon rumbo al puente de atraque del Enclave, inmediatamente -masculló, mientras caminaba el oscuro pasillo con la maguera eléctrica aún conectada…

-¡Sea bienvenida al Enclave Saturno! -reverenció gentilmente el comerciante del puesto, frotándose las manos al observar todos los contenedores magnéticos que seguían a la mujer cyborg.

-He recorrido las calles de casa talladas en la roca de este Asteroide y a pesar de llevar puesta la armadura militar y fusil de combate en mano, tuve que disparar al aire para ahuyentar a los delincuentes… Alguna pierna, quizás, a los más persistentes.

-¡Chiquillos! -excusaba el comerciante del puesto.

-Es un lugar horrible.

-¿Cantinas y burdeles? ¡Alegría incontenida! -replicó el hombrecillo.

-Pero en una cosa tienes razón, Juan, cariño, encuentras de todo.

-Disculpe señorita ¿con quién habla?

-¡Al grano! -interrumpió y dejó el arma automática encima del mostrador- Haga la transferencia de los créditos a ésta nueva cuenta. Anule el pedido de la nueva muñeca robótica, a nombre de Juan, y de regalo, tenga todos los órganos humanos de las cámaras frigoríficas… Yo, sólo me quedaré el corazón.

 


Fernando Cañadas Mora viaja en el tiempo y en el espacio gracias al autobús de transporte público que conduce. Le hubiera gustado nacer en otra época y ser tripulante de la nave espacial USS Enterprise, pero lo compensa con creces su familia y amigos. Disfruta del presente y le gusta imaginar el futuro, siempre que sus obligaciones lo permiten.



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Revista Cosmocápsula número 11. Octubre – diciembre 2014

"El turbocronión y los carteles de siempre" por Néstor Darío Figueiras

7 Nov

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Revista Cosmocápsula número  11. Octubre – Diciembre 2014. Cápsulas literarias.

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El turbocronión y los carteles de siempre

Néstor Darío Figueiras


¡Tú haces la historia!

La voz de barítono de Slash Foggertone, el conductor de Haciendo historia, se propagó a través de la infinita Red. Millones rugieron frente a las pantallas de televisión. El rating estallaba.

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En las calles, las tropas se aprestaron tras los campos-escudo.

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Las tres alternativas preseleccionadas fueron presentadas por los panelistas en medio de orquestaciones emotivas.

Comenzó Auguste Hönnerweiss, de rostro anguloso, ceño fruncido y lacios cabellos grises. Apenas movía los labios al hablar, pero el moño que parecía estrangularlo se balanceaba al compás de su laringe:

La primera opción es salvar a Celine Kashba, la actriz de fama mundial que, luego de ser brutalmente vejada, fue arrojada a través de la ventana de su apartamento del nonagésimo cuarto piso… —Detrás de él, el Holo3D reproducía algunas de las escenas más calientes que había protagonizado Kashba—. Los violadores ya purgan su condena, pero Hollywood no será lo mismo sin Celine y sus grandes… —Hönnerweiss gesticuló abriendo las manos y Slash se apresuró a completar la frase—. ¡Senos! ¡Sus grandes senos! ¿Es eso lo que querías decir, Auguste?

No, pero es lo mismo.

¡Ja, ja! ¡Así es Auguste…! —y en el estudio resonaron las carcajadas que siempre coreaban las ocurrencias de Foggertone, quien prosiguió con el show:

¡Tu turno, Madeleine!

Madeleine Sánchez sacudió sus bucles magenta y sonrió frente a las cámaras.

La segunda opción es alterar la premiación en los MTV Music Awards —dijo, mientras pellizcaba distraídamente el falso lunar de su pómulo izquierdo: el chip anticronolepsia. El tic premonitorio hacía delirar a los televidentes—. Es obvio que el público cree que Baby Flashwood no es la estrella más brillante en el sobresaturado cielo del pop…

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El rugido de la turba empezó a estremecer la ciudad: una avalancha de ondas subsónicas que aplastaba los oídos de los soldados, que les golpeaba en el pecho. En respuesta, el siseo de los campos-escudo recrudeció.

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Madeleine seguía agitando sus rizos:

—…entonces, ¿quién debería haberse llevado las cuerdas vocales de Janis Joplin, clonadas y bañadas en oro veinticuatro? ¡Hoy lo sabremos!

¡Tu turno, Iashira! —soltó Foggertone, manteniendo el precipitado ritmo del programa farandulero.

El travesti cincuentón frunció los labios saturados de colágeno: los estiradísimos músculos faciales, entumecidos por el botox, no le permitían una mejor sonrisa. La música se volvió sensiblera, mientras el Holo3D mostraba la fatal explosión de un 767.

Querido Slash, la tercera opción es impedir la trágica muerte de los médicos que volaban a Nueva Biafra para socorrer a las multitudes de indigentes…

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Los manifestantes llenaron las calles, enarbolando los carteles de siempre, pintados con aerosoles rojos y negros. En ellos podía leerse: DEVUELVAN A LOS DESAPARECIDOS Y PRESOS POLÍTICOS. Otros letreros incluían una interminable lista de nombres a los cuales se los había intentado borrar de la historia.

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¡Ya tenemos sobre el tapete las tres posibilidades preseleccionadas! Ahora ustedes decidirán cuál es el cambio que mejorará nuestra realidad. ¡Vamos a una breve pausa comercial y enseguida regresaremos! ¡Es la hora de votar, vuestra hora, hacedores de historia! —Foggertone casi gritaba frente a las cámaras, mientras el crescendo de la música aturdía. Luego la publicidad inundó las pantallas, en tanto los televidentes colapsaban la Red con sus votos.

Durante los comerciales Foggertone apostó:

Quinientos googlares a que salvan a Kashba.

Mis quinientos van para los chicos de Nueva Biafra —retrucó Iashira.

La gente quiere tetas, no caridad —dijo Hönnerweiss.

¡Ajá! ¡Quiere tetas de verdad! Al igual que tú, Iashira… —Madeleine seguía acariciando su lunar. El travesti la incineró con la mirada, pero entonces una voz gritó en los auriculares de todos:

¡Atención! Al aire en: cinco, cuatro, tres…

Y sonaron fanfarrias de sintetizador.

¡Estamos de regreso, hacedores de historia! Y muy expectantes… —Foggertone escuchó la voz metálica dentro de su oído—. ¡Ya tenemos el resultado de la votación! Me dicen que la participación ha sido masiva —exclamó, mirando a las cámaras—. ¡Turbocronión encendido! ¡Estamos a punto de hacer historia! —Y esta vez los samplers desgranaron una cadencia apoteótica.

Quienes estaban en el estudio televisivo, y aún la mayoría de los espectadores detrás de las pantallas, activaron sus chips para evitar los vahídos cronolépticos, propios del reflujo temporal que inducía la máquina extraordinaria.

Apenas percibieron una leve conmoción.

Y entonces Nueva Biafra se quedó sin ayuda médica.

Y a pesar de no ser la favorita, las cuerdas vocales de la diosa blanca de blues continuaron en poder de Baby Flashwood.

Pero Hollywood recuperó su busto más taquillero.

Aún así, los violadores fueron perseguidos y arrestados, porque se había comprobado la consumación del acto delictivo en una línea temporal desechada por la mayoría.

La televisión combatía la delincuencia, fomentaba el civismo y consolidaba la democracia.

En fin, es el mejor gobierno de los últimos tiempos, se dijo el Primer Mandatario Slash Foggertone, y sonrió al pensar en la ironía de la frase. ¿Cuáles serían los últimos tiempos, si disponían del turbocronión para cambiar los eventos indeseados? Borrón y cuenta nueva. Y de paso, entretenemos a los ciudadanos.

Es cierto que aún estaba pendiente el asunto de las manifestaciones. Foggertone dejaba de sonreír cada vez que lo recordaba. De todos los propósitos extraoficiales que había tenido el artefacto, ése era el único que no se había consumado. Y lo peor de todo era que el Consejo de Investigación Científica no había podido dar una explicación que sonara convincente. Las absurdas especulaciones sobre iteraciones cronológicas le parecían una ingeniosa abstracción matemática. Y la Teoría de los Espejos Temporales le había provocado un ataque de risa histérica. ¿Cómo era posible que el uso del turbocronión produjera semejantes distorsiones?

¡Espejos de tiempo! Qué idiotez.

Pero Foggertone no se inquietó. La falta de patriotismo de los hombres de ciencia podía ser compensada por el vigor y la disciplina de la milicia. Un Estado no era tal si no tenía brazo armado, si no guardaba secretos.

Si no entretenía.

Una vez terminada la transmisión en vivo, el estudio quedó en penumbras. Ajenos a las cavilaciones del Primer Mandatario, los ministros del gabinete gubernamental volvieron a apostar. Esta vez, sobre las alternativas preseleccionadas para el programa del día siguiente.

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Los soldados nunca se preguntaban por qué el turbocronión no lograba evaporar a los manifestantes y sus malditas pancartas. Sólo tenían que cumplir órdenes, por lo cual, guarecidos por sus campos-escudo, reprimieron y arrestaron a los revoltosos una vez más. Los furgones se llenaron con rapidez. Mientras los reflujos temporales inducidos no eliminaran por completo a esos agitadores, la actividad en los centros clandestinos de detención seguiría aumentando.

Sólo tenían que cumplir órdenes. Ninguno había notado que los manifestantes se multiplicaban con cada emisión de “Haciendo Historia”.

Dedicado a Héctor Germán Oesterheld

 


Néstor Darío Figueiras nació en Buenos Aires el 18 de noviembre de 1973. Escritor, músico, productor musical e ilustrador aficionado argentino, cuya producción literaria se enmarca principalmente dentro del género de la ciencia ficción, aunque también ha escrito obras de terror y fantasía.

Ha publicado en la mayoría de las publicaciones digitales del género, como Axxón, NM, Alfa Eridiani, miNatura, NGC 3660, Aurora Bitzine, Necronomicón, Crónicas de la Forja, etc… Asimismo participó en varias revistas en papel y fanzines, como Catarsi, Próxima, Sensación! Ópera galáctica, Présences d’esprits, etc. Sus historias –algunas traducidas al francés y al catalán–, forman parte de varias antologías, tanto en papel como en formato digital.

Sus obras han resultado finalistas en varios concursos, como el Certamen Internacional de Microcuentos Fantásticos miNatura, el Certamen Internacional de Poesía Fantástica miNatura y el Concurso de Minicuentos “Monstruos de la Razón”. Entre los premios más destacados que han sido obtenidos por su labor encontramos una mención de honor del Premio “Más allá” 1991, por su cuento “Organicasa” escrito a los dieciséis años; una mención de honor en el Premio Andrómeda 2005, por “Reunión de consorcio”; y el primer y el segundo puesto del Premio Ictineu 2012, en la categoría “Mejor cuento traducido al catalán”, por “Reunión de Consorcio” y “El mejor de los nombres”, respectivamente.


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Revista Cosmocápsula número 11. Octubre – diciembre 2014

"Náufragos de la Tierra" por Hugo Armando Ramos

26 Oct

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Revista Cosmocápsula número  11. Octubre – Diciembre 2014. Cápsulas literarias.

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Náufragos de la Tierra

Hugo Armando Ramos


Horacio mira a Elvira. ¡Se ve tan joven en la proa del Titanic! Es como si no hubiese nadie alrededor, piensa.

El cielo parpadea un par de segundos igual que el cartel de una marquesina en cortocircuito. Se apaga y enciende intermitente.

Igual que ayer —dice, ofuscado.

Fue solo un instante, mi amor —Elvira le resta importancia al asunto—. ¿Ves? Ya está estrellado y limpio de nuevo.

La abraza y la besa apasionadamente junto a la baranda de la proa.

Date la vuelta y extendé los brazos —le dice—. Mirando al mar.

Déjate de joder, Horacio —contesta ella ruborizada—. Ya no estamos para estas cosas. Se van a reír de nosotros.

¿Cómo que no? —dice, haciéndose el enojado—. ¿Me estás diciendo que estoy viejo? Fíjate en el pelado y la pelirroja, deben de tener nuestra edad y parecen dos tiernos adolescentes.

Está bien —se convenció Elvira—. Pero agárrame fuerte, esto me da vértigo.

Dale, subí a la baranda que yo te tengo.

¿Así? —Elvira sube y extiende los brazos.

Así —Horacio sube detrás, la agarra de la cintura y extiende los brazos junto con ella. La besa en el cuello y le pide que cierre los ojos. Él también los cierra. Y se dejan acariciar por la suave y helada brisa del Atlántico Norte.

Un sacudón del barco y quedan apretujados.

¡Epa! —dice ella con un tono irónico—. Te estás aprovechando.

Horacio ni alcanza a contestar: otro sacudón mucho más fuerte y prolongado los desparrama por la cubierta.

Suena una sirena y la gente corre por la cubierta, algunos desesperados, vociferando los nombres de sus hijos, de sus padres, de sus parientes.

Los tripulantes del Titanic se apuran a desenganchar los botes salvavidas.

En el medio de la cubierta y del caos, una mujer grita con terror que qué fue ese sacudón.

Un flacucho tripulante, que no llega ni a los veinte, la mira más aterrado que ella.

¡Chocamos contra un iceberg, señora! ¡El Titanic… el Titanic se hunde!

La mujer echa a correr como loca por toda la cubierta del barco. Finalmente, no puede controlar el pánico y se arroja por la borda.

Horacio y Elvira, la ven perderse en las aguas del océano junto a otras personas que, no saben si tomaron la misma y desgraciada decisión de la pobre mujer, o no tuvieron la misma suerte que ellos de mantenerse sobre la cubierta.

El Titanic se está hundiendo. La proa se eleva cuarenta y cinco grados, el agua se mete por todos lados. Y el cielo vuelve a parpadear.

Elvira se desliza por la cubierta y va directo al interior del barco. Horacio se suelta de la baranda y la sigue.

¡Elvira! —grita con fuerzas mientras siguen rodando hacia el fondo del salón de fiestas.

La orquesta continúa tocando una música alegre que contrasta con ese infierno, donde los muebles flotan acá y allá.

Elvira rueda escaleras abajo, y Horacio sigue el mismo camino unos metros atrás. Por fin chocan contra algo, se detienen.

Todo es penumbra. La luz de la bodega es muy pobre y titila, pero alcanza para ver un automóvil. Es un Rolls-Royce.

¿Estás bien? —dice Horacio ayudando a levantarse a su mujer.

Sí, estoy bien. ¡Qué caída! Fue tan…

Y él se sobresalta cuando algo aparece de golpe en la luneta del Rolls-Royce. Una mano contra el vidrio empañado. Y oye gemidos desde el interior del auto.

¡Shhh! —dice Horacio—. No interrumpas, que están garchando.

¿Qué hacemos? —pregunta Elvira. El agua ya le llega a las rodillas.

Y… nos vamos —dice el marido—, el auto ya está ocupado —se ríen.

Horacio da un golpecito al baúl del Rolls-Royce, y salen de la bodega en busca de una salida.

Se cruzan a mucha gente con chalecos salvavidas.

En uno de los pasillos, encuentran al pelado y a la pelirroja.

¿No es fantástico? —dice el pelado—. Nunca imaginé que llegaría a vivir esta experiencia.

Horacio está a punto de contestarle, cuando el capitán hace su aparición en el pasillo. Pasa, parece mirar a Elvira. Seguramente se dirige hacia cubierta.

Los cuatro caminan con el agua hasta la cintura. El pelado no para de hablar boludeces: recita hasta el último detalle de la construcción del Titanic, las medidas, los materiales, el tiempo que emplearon en construirlo, el nombre del ingeniero. Tantas cosas que Horacio piensa que le va a estallar la cabeza.

Y entonces… sucede: el capitán voltea hacia ellos, parece mirarlos. Su imagen parpadea unos segundos y se desvanece en el aire. Horacio mira a Elvira, y maldice en voz baja.

Han llegado hasta el salón de fiestas. La orquesta aún sigue tocando. La barra de tragos se va desvaneciendo. Y el decorado, el techo, el piso, las paredes y el agua desaparecen. Desaparece el Titanic entero. Ya no se oye la música.

El cielo se prende y apaga. Y hasta el océano y el cielo mismo se esfuman.

¡La puta madre! —dice Horacio caliente como una pipa.

Se quita el casco de realidad virtual y lo estrella contra el piso del cine. También arroja el traje con todos los sensores y la conexión Wi-fi.

¡Pero, tranquilízate, Horacio! —dice Elvira.

Cálmese, hombre —dice también el pelado.

¡Pero cómo me voy a calmar, si este cine de mierda es el segundo día que se burla de mí y de usted! De usted, pelotudo, que no deja de hablar boludeces todo el tiempo. ¡Me cago en Virtualmovie y en la bosta de sistema que tiene! Vine porque hoy entraba gratis.

¿Cómo conseguiste entrar gratis? —largó el pelado.

Ayer nos pasó lo mismo que hoy, ¿sabés? Lo mismo, pero antes, recién empezada la película.

En ese momento, una imagen algo borrosa, confusa, parpadea hasta quedar nítida ante ellos.

Le pido mil disculpas —dice el holograma de un tipo con uniforme de Virtualmovie—. El problema es general, no es solo nuestro.

¿¡Pero por qué no apagás ese holograma de mierda y venís a decírmelo en la cara!? —brama Horacio.

No se puede, señor. El holograma es generado por computadora, la imagen es para su comodidad de interlocución. No existe esta persona física.

¿No me digas? ¡Mirá vos! ¿Pero qué te crees, que nací en el siglo xx yo? A esta computadora y al holograma de mierda que genera lo manejás vos, quien carajo seas y donde mierda estés.

Solo soy un empleado, señor —dice la voz metálica de la imagen.

El tipo tiene razón —piensa Horacio—. Es nada más que un empleado de Virtualmovie.

Es que ayer nos pasó lo mismo —dice Horacio más calmado—, y nos dieron un pase libre para hoy.

Lo sé, y le pido disculpas en nombre de Virtualmovie. Como le dije anteriormente, es una falla general.

Comprendo —dice Horacio con un relajado tono de resignación.

Mire —dice la imagen—, vamos hacer lo siguiente… Están reparando la falla, y pronto van a reiniciar el sistema. Apoye su mano acá (y apareció una pantalla en el aire). Virtualmovie le pide mil disculpas y le regala un año de entradas gratis para todas las funciones. Incluidas las Premium. Para usted y un acompañante.

Horacio abre los ojos bien grandes, y coloca la mano en la pantalla antes de que el holograma se arrepienta.

¿Y nosotros? —dice el pelado sabelotodo.

Para usted también hay —le dice el holograma—. Apoye la mano, vamos.

¡Genial! —exclama el pelado—. Esto es gracias a vos, hermano, que la peleaste lindo —le dice a Horacio, y hace un gesto de que lo tiene en el corazón—. Vamos, yo invito la pizza.

¿Y las cervezas?

Y las cervezas también. ¡Un año gratis de Virtualmovie! Pedí las cervezas que quieras.

A Horacio el pelado ya le está cayendo bien.

Contentos con el regalo, saludan al holograma. Y salen por avenida Corrientes para el lado del obelisco, en busca de una pizzería.

La noche está tranquila. La mayoría de la gente utiliza la cinta deslizadora, pero ellos prefieren andar a la antigua: caminando por la vereda. Las callecitas de Nueva Buenos Aires tienen ese… qué sé yo.

El obelisco asemeja una postal con los aerotaxis iluminados. Los bares y restaurantes, atestados de gente recién salida de cines y teatros.

Podemos tomar un aerotaxi hasta el nivel tres —dice el pelado—. Me hablaron muy bien de un restaurante italiano.

Mejor quedémonos acá —dice Horacio con su mejor cara de no me gusta tu idea—. Además, los otros niveles siempre están llenos de pibes boludeando con los deslizadores y la música al mango.

Caminan un par de cuadras y entran a La Nueva Cuartetas.

La verdad, piensa Horacio, no sé por qué, pero en este lugar la pizza es mucho más rica cuando se come de parado junto al mostrador.

De vez en cuando —dice—, al mediodía, salgo del taller mecánico y me pido dos de musa con fainá. Pero ahora, con las mujeres, mejor nos sentamos en una mesa.

En esa —dice la pelirroja—, al lado de la ventana.

Elvira toca la mesa y aparece el holograma con el menú.

¿Qué pedimos?

Yo quiero una de fugazzeta —le dice Horacio al pelado—. ¿Cómo te llamás, vos? Hace un buen rato que andamos juntos, y no nos presentamos.

Javier. Y mi esposa, Laura.

Se saludan y se ríen de la presentación tardía.

Me gusta la de fugazzeta —dice Javier—. Y también podemos pedir una con morrones. ¿Qué les parece?

Me gusta —acota Elvira.

Y Laura asiente.

Marcan el pedido.

Javier recuerda que él invita, y acerca su mano al posnet virtual.

Listo, ya pagué.

Hablan un buen rato, de sus familias, de todo un poco.

Javier y Laura cuentan que sus hijos estudian tecnología molecular, en Nueva Bretaña. Y que ellos se dedican a manejar un negocio de almacenamiento de datos para empresas Web.

Yo tengo un taller de aerotaxis —dice Horacio—. Hay mucha competencia, pero no me quejo. Tengo siete empleados y con Elvira ya pensamos en abrir otro taller en el nivel dos.

Javier dice que le presentará a un amigo que tiene una flota de aerotaxis.

Gracias —dice Elvira.

Vamos a casa a tomar un café —invita Javier—. Es en el nivel doce. ¡La vista es espectacular!

Con la condición de que el domingo vengan a casa a comer un asadito —dice Horacio.

¡Hecho!

Salen y caminan por Corrientes en busca de un aerotaxi.

Entonces sucede:

La sirena atrona por toda la ciudad. El obelisco parpadea una fracción de segundos y desaparece. Ellos cuatro se miran unos a otros.

Horacio nota que comienzan a desaparecer las vidrieras, los negocios, los edificios… La ciudad entera desaparece. O mejor dicho «el maquillaje» de Nueva Buenos Aires es lo que desaparece.

«Es un problema general» había dicho el holograma de Virtualmovie.

Se nos cayó la careta, piensa Horacio.

Y no sabe por qué, le viene a la memoria un poema de Borges. Uno que habla de Buenos Aires, de la calle que nunca pisó. Y recita para sí mismo: Es esa racha de milonga silbada que no reconocemos y que nos toca, es lo que se ha perdido y lo que será, es lo ulterior, lo ajeno, lo lateral, el barrio que no es tuyo ni mío, lo que ignoramos y queremos.

Se nos cayó la careta, se repite ahora. Y, sin careta, queda al descubierto la miseria humana.

A la vista de todos, quedan desnudos los esqueletos de hierro y paneles de los edificios. Sin los hologramas, Nueva Buenos Aires es una gran maqueta sin terminar.

Y tras el apagón general, ellos pueden verla.

¡Ahí está, sobre sus cabezas!

Ahí, más allá del último de los niveles, está el esqueleto de la cúpula que encierra a Nueva Buenos Aires. La cúpula en donde se proyecta el cielo. Esa que, ahora desnuda, deja ver la Tierra. El hogar de los antepasados, los que tuvieron que dejarla después de la guerra final.

Un planeta sin vida y radioactivo. Donde máquinas y robots trabajan día y noche enviando todo tipo de minerales a las distintas ciudades instaladas en la Luna.

La Tierra se ve hermosa y celeste.

Horacio y Elvira —y también sus nuevos amigos— han nacido en la Luna, bajo la cúpula. Horacio siempre se preguntó cuántas cosas se habría perdido. No existirá holograma alguno que le haga sentir la verdadera realidad de la Tierra.

El cielo vuelve parpadear en la cúpula. Se prende y apaga intermitente, al igual que el obelisco, las fachadas y la ciudad entera.

Nueva Buenos Aires acaba de reiniciar. Los cañones holográficos proyectan un cielo limpio y estrellado.

La gente vuelve a su rutina. La humanidad vuelve a esconder la mugre bajo la alfombra.

Los aerotaxis vuelan como luciérnagas alrededor del obelisco. Es una clásica postal, de la agitada noche de Nueva Buenos Aires.


Hugo Armando Ramos. Nací en Pellegrini (1962), un pueblito al oeste de Buenos Aires, casi al límite con La Pampa. Desde los cuatro años vivo en Merlo, en el gran Buenos Aires.


Estoy casado y tengo dos hijos. Soy conductor de trenes en el ferrocarril Urquiza.
Comencé a escribir a los 48 años, hace cinco. Llevo bien la cuenta porque fue unos meses antes de que nazca Tiziano, mi nieto. Y un par de semanas después de volcar con mi auto en el camino del buen aire. No sé, simplemente comencé a escribir, después muchos muchos años (de chico lo hacía, gané un concurso de cuentos en la escuela primaria).


Un día descubrí una página literaria en internet, y empecé a publicar mis primeros cuentos. Allí conocí gente muy copada que me alentó a seguir escribiendo, entonces decidí tomar clases de escritura, y descubrí el taller de Claudia Cortalezzi. Con quien sigo en la actualidad.
Actualmente, algunos de mis cuentos fueron publicados en la revista chilena “Fantasía Austral”, donde figuro como colaborador permanente. En la revista argentina NM (Nuevo mundo). Y también tengo publicado un cuento en el último especial de aniversario de Alfa Eridiani.


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Revista Cosmocápsula número 11. Octubre – diciembre 2014

Editorial. "Dualidad" por Pablo Concha

26 Oct

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Revista Cosmocápsula número 11. Octubre – Diciembre 2014. Editorial.

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Editorial. Dualidad

Pablo Concha


¿Qué es lo que hace buena la ciencia ficción? Tal vez suene mejor en inglés: What makes good science fiction? La pregunta se refiere de forma explícita a las historias (cuentos, novelas, películas). ¿Cuál es el criterio por el que se decide qué sirve y que no? No me refiero exclusivamente al criterio que manejamos en una revista como Cosmocápsula, sino como fan, como consumidor de fantasías. ¿Qué es bueno, que no es tan bueno? La respuesta debería ser muy simple y sencilla –para mí, al menos, lo es –: la dualidad. El reconocimiento y la total extrañeza de la realidad descrita. Lo familiar y a la vez bizarro envuelto en el mismo paquete. En la misma caja. Sobra decir que no todos son capaces de lograrlo, que no es tan fácil conseguir esa combinación o mejor deformación de elementos. Nuestra misión, nuestro objetivo aquí en Cosmocápsula es brindarles en cada número de la revista la mayor y mejor cantidad de esos “paquetes” posible. No es fácil, no es sencillo, el buen arte es difícil de producir y de encontrar pero nunca nos damos por vencidos. Esperamos que disfruten los que encontramos en esta ocasión y escogimos especialmente para ustedes.
Buen viaje.

Pablo Concha


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Revista Cosmocápsula número 11. Octubre – Diciembre 2014

Ilustración de portada: “Constelación” por Le Yad

26 Oct

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Revista Cosmocápsula número 11. Octubre – diciembre 2014. Arte.

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Imagen de portada: Constelación

Le Yad


LE YAD (1981)

Editora de arte y diseño de Cosmocápsula. Licenciada en Diseño de la Comunicación Gráfica por la Universidad Autónoma Metropolitana, se ha especializado en el área de la Ilustración con cursos y talleres impartidos por la Academia de San Carlos, CONACULTA, Centro Cultural de España, entre otros.

Enfocada a la ilustración, la plástica y el Discurso visual. Su trabajo ha sido seleccionado en el 2009 por el Museo Mexicano del Diseño en el concurso de cartel “A la muerte con una sonrisa”, en el 2011 seleccionada en el Catalogo de Ilustraciones Infantiles y Juveniles de CONACULTA, mención en el 2012 en el XXIV Concurso de cartel “Invitemos a Leer” de CONACULTA, entre otros.

Además de coleccionar piedras de rio y dibujar día con día, ha participado en exposiciones individuales y colectivas, ha impartido talleres sobre la imagen plástica como transmisor de conceptos y ha fundado su propia marca de productos.

Actualmente es parte del proyecto de Asociación de Ilustradores en México y es directora y fundadora de “Taller de Sueños”, pequeño espacio dedicado a la lectura y ala ilustración.

Blog personal: http://simplemente-yad.blogspot.mx/

Oct-Dic-2014

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Revista Cosmocápsula número 11. Octubre – diciembre 2014

Revista Cosmocápsula número 11. Octubre – Diciembre 2014

26 Oct

Oct-Dic-2014Fundadores: Antonio Mora Vélez, Dixon Acosta, Juan Diego Gómez Vélez, David Pérez Marulanda.

Comité editorial para este número: Dixon Acosta, Pablo Concha, David Pérez Marulanda.

Diseño, ilustración y diagramación: Le Yad, David Pérez Marulanda.

Nota importante: COSMOCÁPSULA no se responsabiliza de las opiniones emitidas en ésta publicación. Lo expresado en cada texto o imagen es responsabilidad única de su respectivo autor.
El logotipo de Cosmocápsula es de © David Pérez Marulanda.
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Colombia. 2014


ÍNDICE

(El índice se irá actualizando hasta el mes de diciembre, según se publiquen nuevos contenidos)

Ilustración de portada: Constelación por Le Yad.

Editorial: Dualidad por Pablo Concha

“Náufragos de la Tierra” por Hugo Armando Ramos

“El turbocronión y los carteles de siempre” por Néstor Darío Figueiras

“MARÍA 2″ por Fernando Cañas Mora

“Poemas anticipados” por Dixon Acosta Medellín

“Multiverso” por Camilo De fex Laserna

(El índice se irá actualizando hasta el 31 de diciembre, según se publiquen nuevos contenidos)